Lucas 5, 1-11

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Seguir al Señor

Tal vez unos de los problemas más grandes del cristianismo actual es que la mayoría de los cristianos, de las cristianas, no se sienten llamados o interpelados por Jesús, el Señor. Nacieron “en las aguas del cristianismo”, del cristianismo cultural, reducido al imperativo de la observancia de algunas celebraciones puntuales, por ejemplo, el bautismo, la primera comunión y confirmación y, tal vez, el matrimonio. Nunca en la vida sintieron que eran llamados, llamadas, a la misión, tan importante como urgente, del cambio del mundo por medio de la justicia y la compasión. Nacieron cristianos… cristianos culturales. Sin embargo, la verdad es que nadie nace cristiano o cristiana. Y la verdad también es que muy poco de Evangelio (Buena Noticia) contiene el cristianismo cultural… y ser cristiano, ser cristiana, es ser llamado para seguir a Jesús, la Buena Noticia del Padre, para la vida del mundo.

 

En el evangelio de este domingo, de Lucas 5, 1-11, tenemos la elección de los primeros discípulos. Jesús llama a sus primeros discípulos, sus primeros colaboradores en la proclamación de la Buena Noticia de la justicia y la compasión. En el evangelio de Marcos, encontramos el llamado de los primeros discípulos antes de las primeras acciones de Jesús. Sin embargo, en Lucas, Jesús ya empezó su ministerio público, ya se declaró a la gente (4, 14-30) y la gente ya lo sigue para escucharlo y ser sanada (4, 40-41). Parece también que Jesús ya conoce algunos de los discípulos. Al menos, ya conoce a Simón Pedro, pues ya estuvo en su casa en Cafarnaúm, y ya sanó a su suegra. (4, 38-39) 


El texto puede ser dividido en cuatro escenas: 1. La presentación de los protagonistas, que son Jesús y los pescadores (vv.1-2). Los pescadores están lavando sus redes. Más tarde somos informados que ellos habían pasado toda la noche en la pesca… sin éxito. Están cansados y desanimados.  No sólo están con las “manos vacías”, después de tanto trabajar… parece también que están con el “corazón vacío”; 2. El encuentro de Jesús con los pescadores (v.3). Sin más ni menos, Jesús entra en la barca de Simón Pedro “y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente” (v.3). Resalta la facilidad con que Jesús entra en la barca de Simón Pedro. Es obvio que Jesús lo conoce; 3. Crece la familiaridad entre ellos dos y Jesús le ordena lanzar las redes a la parte honda del lago (vv.4-7). Simón Pedro siente la necesidad de recordar a Jesús que ellos pasaron toda la noche trabajando y que no pescaron nada. Sin embargo, él escucha la voz del Maestro y obedece (v.5) … y “recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse” (vv.6-7); y 4. Esta es la última escena. Con la barca llena de peces y el corazón lleno de gratitud y alegría, Simón Pedro cae a los pies de Jesús: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” (v.8). Es que ahora Jesús ya no es simplemente su Maestro, ahora es su Señor. Simón Pedro siente su pequeñez y su falta de confianza delante del Señor, y Jesús le contesta en el lenguaje de los pescadores: “No tengas miedo; desde ahora vas a pescar hombres” (v.10). Es a partir de ese momento que ellos se dan cuentan que están siendo llamados para una misión: la misión de seguir a Jesús, el Señor, en la proclamación de la Buena Noticia del reino de Dios. Un nuevo horizonte se abre para ellos; empiezan a ver la realidad con otros ojos. Jesús no sólo despertó en ellos la alegría y la gratitud, sino que también la esperanza de la utopía. “Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús” (v.11).


Ahora empezamos a sintetizar.

 1. No es suficiente conocer a Jesús. Simón Pedro y Jesús ya se conocían. Y podemos suponer que algunos amigos y amigas de Simón Pedro también conocían a Jesús y Jesús también a ellos y a ellas. Sin embargo, todavía no eran discípulos del Señor. No es suficiente saber de Jesús o conocer a Jesús. Hay que ir más lejos... Tal vez sea ese el problema de la mayoría de los cristianos y cristianas de hoy. Han escuchado hablar de Jesús, entonces, conocen a Jesús. Es eso lo que les ha ofrecido el cristianismo cultural… Han escuchado hablar de Jesús y han aprendido algunas cosas sobre Él, lo mínimo del mínimo, al mismo tiempo que han sido sacramentalizados. (¡Han sido sacramentalizados, antes de ser evangelizados!) Muchos han celebrado en su nombre y, desafortunadamente, muchos de los que han celebrado en su nombre también han conquistado, explotado, violado y matado en su nombre. Repetimos: No basta conocer a Jesús. Hay que ser sus discípulos haciendo nuestra su causa, la causa de la Buena Noticia del reino de la justicia y la compasión. 


2. Proclamar la Palabra desde la barca de Simón Pedro. La Palabra ya no es proclamada en la sinagoga, como vimos anteriormente. Vimos también cómo la sinagoga rechazó a Jesús, intentando darle muerte( 4, 29). La barca representa la comunidad y Simón Pedro representa toda la comunidad. Es en la comunidad y desde la comunidad que la Palabra del Señor es proclamada – la comunidad de Simón Pedro, es decir, la comunidad de todos los seres humanos que trabajan día y noche sin aparente éxito, la comunidad de los cansados, de los desanimados, de los luchadores por dignidad y vida. Es la barca de los pobres y humildes, de los pequeños y pecadores – pecadores en el sentido que, al ejemplo de Simón Pedro, reconocen que necesitan de fuerza y valentía, de confianza y esperanza, reconocen que necesitan de creer en la utopía. Es desde esa barca que el Señor proclama la Palabra. Aquí, nos damos cuenta de la importancia de escuchar la Palabra de Dios desde los lugares más pobres y humildes de nuestros pueblos y ciudades. Es allá que la Palabra está a ser auténticamente proclamada. Tengamos la valentía de salir de nuestras áreas de confort para escucharla… Es entre y desde los crucificados de la Tierra que el Señor proclama la Buena Noticia de la liberación, de la justicia y la compasión.  


3. Proclamar la Palabra en el contexto de la vida. No dejemos pasar el hecho de que la Palabra es proclamada por el Señor en un día de trabajo y no en el día sagrado del sábado y, entre y para la gente de trabajo, gente de lucha, gente de vida. La proclamación de la Palabra no puede ser limitada a días y lugares supuestamente sagrados. Es para todos los días y para todos y todas, sobre todo para los luchadores cotidianos de la vida. Nada ni nadie puede limitar la Palabra. Parece que el cristianismo cultural (¡esos restos moribundos de la cristiandad!) ha encarcelado la Palabra. El cristianismo cultural todavía tiene mucho poder político, económico y cultural. Todavía sabe y puede conquistar y manipular a los pobres y los humildes con las armas de la ley, con el miedo y la culpabilidad. Y hay que decirlo: el cristianismo cultural, fruto de la cristiandad, ha secuestrado y encarcelado la proclamación de la Palabra. Pues hay que liberarla. Hay que regresar la proclamación de la Palabra a la barca de Pedro, a la vida cotidiana de los pobres y humildes para que realmente sea para ellos y ellas la Buena Noticia de liberación, de justicia y de compasión. 


4. Confiar en la Palabra y arriesgarse sin miedo. Simón Pedro y sus amigos están exhaustos y desanimados. Trabajaron toda la noche y no pescaron nada y el Señor, que poco o nada entiende de pesca, les pide que lancen sus redes a la parte honda del lago. El lago o el mar es siempre el símbolo de lo incierto, de lo difícil y peligroso. Es en lo profundo del mar que habitan los peces más grandes, los monstruos marinos, que de repente, pueden llegar a la superficie del agua y causar no solamente olas grandes, enormes, sino que pueden también destruir barcas y seres humanos. Las partes más hondas o profundas del mar causan miedo y hay que evitarlas. Sin embargo, Jesús no necesita mandarlos a lanzar las redes en lo más hondo del lago y, ¡en pleno día! Tuvieron que confiar en la Palabra del Señor. Tuvieron que conquistar (¡no evitar!) sus miedos. Tuvieron que arriesgarse. Repito, no es suficiente conocer al Señor. Hay que seria y confiadamente escuchar su Palabra y arriesgarnos en los lugares, en las circunstancias, en los acontecimientos, más peligrosos para la existencia humana. Los cristianos y cristianas deben estar donde están siendo crucificados los seres humanos y donde está siendo destruida la creación. ¡Nuestro lugar no es en la playa! Nuestro lugar es donde los grandes están comiéndose a los pequeños, donde los poderosos están violando y matando a los indefensos, donde unos pocos dominan y explotan a los tantos y tantos que, paralizados por el miedo, fueron de tal manera transformados en sirvientes, en auténticos esclavos, que ya no se atrevan a gritar: “¡Basta! ¡Ahora queremos justicia y compasión!”. Nuestro lugar es allá con ellos y ellas y hay que “pescarlos para la barca” antes que les llegue la muerte. Es allá, en las aguas hondas del mar que podrás entonces ser discípulo, discípula, del Señor. Porque escuchaste su Palabra. Porque confiaste en su Palabra. Y, porque arriesgaste con el don de tu propia vida. No te quedaste en la playa… 


5. Somos llamados a no tener miedo y a ser “pescadores de hombres”. Jesús habla el lenguaje de los pescadores y pide a Simón Pedro que no tenga miedo, pues ahora será “pescador de hombres”. Importante notar que dejaron todo y se fueron con Jesús. Ahora están listos para seguir a Jesús. Ya tienen su misión. “Dejaron todo” en el sentido que ahora sólo una cosa es importante para ellos: el imperativo de la proclamación de la Buena Noticia del reino de Dios. Y “se fueron con Jesús” en el sentido que hay que seguirlo, hay que aprender de Él, hay que vivir con Él, estar en comunión con Él, para que realmente, nuestro caminar sea su caminar, nuestra mirada, su mirada y nuestra voz su voz – para que su vida sea nuestra vida. 


Es así que somos discípulos, discípulas, del Señor. Tenemos pues la valentía de así serlo en San Lucas.


Bendiciones,


P. José V.

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Tal vez unos de los problemas más grandes del cristianismo actual es que la mayoría de los cristianos, de las cristianas, no se sienten llamados o interpelados por Jesús, el Señor. Nacieron “en las aguas del cristianismo”, del cristianismo cultural, reducido al imperativo de la observancia de algunas celebraciones puntuales, por ejemplo, el bautismo, la primera comunión y confirmación y, tal vez, el matrimonio. Nunca en la vida sintieron que eran llamados, llamadas, a la misión, tan importante como urgente, del cambio del mundo por medio de la justicia y la compasión. Nacieron cristianos… cristianos culturales. Sin embargo, la verdad es que nadie nace cristiano o cristiana. Y la verdad también es que muy poco de Evangelio (Buena Noticia) contiene el cristianismo cultural… y ser cristiano, ser cristiana, es ser llamado para seguir a Jesús, la Buena Noticia del Padre, para la vida del mundo. 


En el evangelio de este domingo, de Lucas 5, 1-11, tenemos la elección de los primeros discípulos. Jesús llama a sus primeros discípulos, sus primeros colaboradores en la proclamación de la Buena Noticia de la justicia y la compasión. En el evangelio de Marcos, encontramos el llamado de los primeros discípulos antes de las primeras acciones de Jesús. Sin embargo, en Lucas, Jesús ya empezó su ministerio público, ya se declaró a la gente (4, 14-30) y la gente ya lo sigue para escucharlo y ser sanada (4, 40-41). Parece también que Jesús ya conoce algunos de los discípulos. Al menos, ya conoce a Simón Pedro, pues ya estuvo en su casa en Cafarnaúm, y ya sanó a su suegra. (4, 38-39) 

El texto puede ser dividido en cuatro escenas: 1. La presentación de los protagonistas, que son Jesús y los pescadores (vv.1-2). Los pescadores están lavando sus redes. Más tarde somos informados que ellos habían pasado toda la noche en la pesca… sin éxito. Están cansados y desanimados.  No sólo están con las “manos vacías”, después de tanto trabajar… parece también que están con el “corazón vacío”; 2. El encuentro de Jesús con los pescadores (v.3). Sin más ni menos, Jesús entra en la barca de Simón Pedro “y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente” (v.3). Resalta la facilidad con que Jesús entra en la barca de Simón Pedro. Es obvio que Jesús lo conoce; 3. Crece la familiaridad entre ellos dos y Jesús le ordena lanzar las redes a la parte honda del lago (vv.4-7). Simón Pedro siente la necesidad de recordar a Jesús que ellos pasaron toda la noche trabajando y que no pescaron nada. Sin embargo, él escucha la voz del Maestro y obedece (v.5) … y “recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse” (vv.6-7); y 4. Esta es la última escena. Con la barca llena de peces y el corazón lleno de gratitud y alegría, Simón Pedro cae a los pies de Jesús: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” (v.8). Es que ahora Jesús ya no es simplemente su Maestro, ahora es su Señor. Simón Pedro siente su pequeñez y su falta de confianza delante del Señor, y Jesús le contesta en el lenguaje de los pescadores: “No tengas miedo; desde ahora vas a pescar hombres” (v.10). Es a partir de ese momento que ellos se dan cuentan que están siendo llamados para una misión: la misión de seguir a Jesús, el Señor, en la proclamación de la Buena Noticia del reino de Dios. Un nuevo horizonte se abre para ellos; empiezan a ver la realidad con otros ojos. Jesús no sólo despertó en ellos la alegría y la gratitud, sino que también la esperanza de la utopía. “Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús” (v.11).

Ahora empezamos a sintetizar. 1. No es suficiente conocer a Jesús. Simón Pedro y Jesús ya se conocían. Y podemos suponer que algunos amigos y amigas de Simón Pedro también conocían a Jesús y Jesús también a ellos y a ellas. Sin embargo, todavía no eran discípulos del Señor. No es suficiente saber de Jesús o conocer a Jesús. Hay que ir más lejos... Tal vez sea ese el problema de la mayoría de los cristianos y cristianas de hoy. Han escuchado hablar de Jesús, entonces, conocen a Jesús. Es eso lo que les ha ofrecido el cristianismo cultural… Han escuchado hablar de Jesús y han aprendido algunas cosas sobre Él, lo mínimo del mínimo, al mismo tiempo que han sido sacramentalizados. (¡Han sido sacramentalizados, antes de ser evangelizados!) Muchos han celebrado en su nombre y, desafortunadamente, muchos de los que han celebrado en su nombre también han conquistado, explotado, violado y matado en su nombre. Repetimos: No basta conocer a Jesús. Hay que ser sus discípulos haciendo nuestra su causa, la causa de la Buena Noticia del reino de la justicia y la compasión. 

2. Proclamar la Palabra desde la barca de Simón Pedro. La Palabra ya no es proclamada en la sinagoga, como vimos anteriormente. Vimos también cómo la sinagoga rechazó a Jesús, intentando darle muerte( 4, 29). La barca representa la comunidad y Simón Pedro representa toda la comunidad. Es en la comunidad y desde la comunidad que la Palabra del Señor es proclamada – la comunidad de Simón Pedro, es decir, la comunidad de todos los seres humanos que trabajan día y noche sin aparente éxito, la comunidad de los cansados, de los desanimados, de los luchadores por dignidad y vida. Es la barca de los pobres y humildes, de los pequeños y pecadores – pecadores en el sentido que, al ejemplo de Simón Pedro, reconocen que necesitan de fuerza y valentía, de confianza y esperanza, reconocen que necesitan de creer en la utopía. Es desde esa barca que el Señor proclama la Palabra. Aquí, nos damos cuenta de la importancia de escuchar la Palabra de Dios desde los lugares más pobres y humildes de nuestros pueblos y ciudades. Es allá que la Palabra está a ser auténticamente proclamada. Tengamos la valentía de salir de nuestras áreas de confort para escucharla… Es entre y desde los crucificados de la Tierra que el Señor proclama la Buena Noticia de la liberación, de la justicia y la compasión.  

3. Proclamar la Palabra en el contexto de la vida. No dejemos pasar el hecho de que la Palabra es proclamada por el Señor en un día de trabajo y no en el día sagrado del sábado y, entre y para la gente de trabajo, gente de lucha, gente de vida. La proclamación de la Palabra no puede ser limitada a días y lugares supuestamente sagrados. Es para todos los días y para todos y todas, sobre todo para los luchadores cotidianos de la vida. Nada ni nadie puede limitar la Palabra. Parece que el cristianismo cultural (¡esos restos moribundos de la cristiandad!) ha encarcelado la Palabra. El cristianismo cultural todavía tiene mucho poder político, económico y cultural. Todavía sabe y puede conquistar y manipular a los pobres y los humildes con las armas de la ley, con el miedo y la culpabilidad. Y hay que decirlo: el cristianismo cultural, fruto de la cristiandad, ha secuestrado y encarcelado la proclamación de la Palabra. Pues hay que liberarla. Hay que regresar la proclamación de la Palabra a la barca de Pedro, a la vida cotidiana de los pobres y humildes para que realmente sea para ellos y ellas la Buena Noticia de liberación, de justicia y de compasión. 

4. Confiar en la Palabra y arriesgarse sin miedo. Simón Pedro y sus amigos están exhaustos y desanimados. Trabajaron toda la noche y no pescaron nada y el Señor, que poco o nada entiende de pesca, les pide que lancen sus redes a la parte honda del lago. El lago o el mar es siempre el símbolo de lo incierto, de lo difícil y peligroso. Es en lo profundo del mar que habitan los peces más grandes, los monstruos marinos, que de repente, pueden llegar a la superficie del agua y causar no solamente olas grandes, enormes, sino que pueden también destruir barcas y seres humanos. Las partes más hondas o profundas del mar causan miedo y hay que evitarlas. Sin embargo, Jesús no necesita mandarlos a lanzar las redes en lo más hondo del lago y, ¡en pleno día! Tuvieron que confiar en la Palabra del Señor. Tuvieron que conquistar (¡no evitar!) sus miedos. Tuvieron que arriesgarse. Repito, no es suficiente conocer al Señor. Hay que seria y confiadamente escuchar su Palabra y arriesgarnos en los lugares, en las circunstancias, en los acontecimientos, más peligrosos para la existencia humana. Los cristianos y cristianas deben estar donde están siendo crucificados los seres humanos y donde está siendo destruida la creación. ¡Nuestro lugar no es en la playa! Nuestro lugar es donde los grandes están comiéndose a los pequeños, donde los poderosos están violando y matando a los indefensos, donde unos pocos dominan y explotan a los tantos y tantos que, paralizados por el miedo, fueron de tal manera transformados en sirvientes, en auténticos esclavos, que ya no se atrevan a gritar: “¡Basta! ¡Ahora queremos justicia y compasión!”. Nuestro lugar es allá con ellos y ellas y hay que “pescarlos para la barca” antes que les llegue la muerte. Es allá, en las aguas hondas del mar que podrás entonces ser discípulo, discípula, del Señor. Porque escuchaste su Palabra. Porque confiaste en su Palabra. Y, porque arriesgaste con el don de tu propia vida. No te quedaste en la playa… 

5. Somos llamados a no tener miedo y a ser “pescadores de hombres”. Jesús habla el lenguaje de los pescadores y pide a Simón Pedro que no tenga miedo, pues ahora será “pescador de hombres”. Importante notar que dejaron todo y se fueron con Jesús. Ahora están listos para seguir a Jesús. Ya tienen su misión. “Dejaron todo” en el sentido que ahora sólo una cosa es importante para ellos: el imperativo de la proclamación de la Buena Noticia del reino de Dios. Y “se fueron con Jesús” en el sentido que hay que seguirlo, hay que aprender de Él, hay que vivir con Él, estar en comunión con Él, para que realmente, nuestro caminar sea su caminar, nuestra mirada, su mirada y nuestra voz su voz – para que su vida sea nuestra vida. 

Es así que somos discípulos, discípulas, del Señor. Tenemos pues la valentía de así serlo en San Lucas.

Bendiciones,

P. José

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